But I will walk 500 miles.
And I will walk 500 more
Just to be the man who walked 1000 miles
to fall down at your door.
Ella se había ido en avión hacía bastantes siguiendo, como siempre, sus sueños. Patrick debería haber supuesto que lo haría cuando la conoció, pero ya se sabe que el amor nos vuelve ciegos. Tat se había mudado desde Rusia a América para tener la oportunidad de estudiar en un idioma que le abriría muchas más puertas que su lengua materna, y conoció al hermano de Patrick, Russell, en la cafetería de la Universidad. Al poco tiempo de conocerse él se enamoró de ella pero, como casi todos sus amores, no era correspondido. A pesar de eso se llevaban estupendamente (ella nunca llegó a saber que la quería), y se pasaban las tardes en la casa de él (ella compartía piso con otros estudiantes, mientras que él tenía casa propia) haciendo trabajos o preparando los exámenes. No fue hasta dos años después de conocerse (cuando ella ya estaba en cuarto de carrera) que a Patrick lo echaron de su piso compartido y tuvo que mudarse a casa de su hermano. Se enamoró de ella en cuanto la vio por primera vez, pero ella estaba demasiado enamorada de sus mundos de células y ecosistemas para enamorarse de alguien. A pesar de ello, fue separándose de Russell: le gustaba estar con él, pero pasar el tiempo con Patrick era muchísimo más divertido. Junto a él parodiaba los distintos grupos de vertebrados, salía por ahí a comerse la hamburguesa más grande del mundo, paseaba por las calles de Manhattan hasta altas horas de la madrugada y hacía musicales sobre la vida de los seres abisales. Y poco a poco, sin darse cuenta, ella se enamoró también. Y entonces acabó la carrera y encontró un puesto en el trabajo de su vida: una reserva de animales en plena sabana africana. En cuanto recibió la llamada, no dudó en sacar el móvil y telefonear al que ya se había convertido en su inseparable amigo:
-¡¡Me han dado el trabajo!! -chilló con toda la fuerza que pudo.
-¿Qué? -preguntó Russell, sobresaltado por el entusiasmo de Tat.
-Ah, hola Russ, soy Tat. ¿No era este el móvil de tu hermano? Bah, da igual. ¡He encontrado trabajo en África! Mi avión sale dentro de cuatro horas y, bueno, como me cobran mucho por llevarse mi coche me preguntaba si podríais llevarme Patrick y tú al aeropuerto.
-¿Y cómo piensas llegar a tu destino? Porque no creo que los aviones aterricen en medio de la nada.
-Me recogen los de la reserva en el aerpouerto.
-Está bien, estamos en tu casa en media hora.
Había pasado diez años desde aquel día. Tat se dio cuenta de que estaba enamorada de Patrick cuando se abrazó a él para despedirse antes de montar en el avión, y este no se atrevió a declararse por miedo a que su amiga decidiera abandonar el trabajo de su vida por quedarse junto a él, ya que ninguno de los dos creía en las relaciones a distancia, y tampoco estaban muy seguros de que fueran a volverse a ver algún día. Él nunca volvió a enamorarse, y ella volvió a centrarse en su trabajo de la misma manera que se centró en los primeros años de Universidad. Así que a Tat se le paró el corazón cuando vio a Patrick en el asiento del copiloto, esperándola para acompañarla al corazón de la reserva.
-¡¿Qué demonio estás haciendo aquí!? -chilló mientras se abalanzaba sobre él y le cortaba la respiración con un abrazo tan fuerte como el de un oso.
-Oh, bueno, llevamos muchos años sin vernos y me pareció que ya era hora de hacerte una visita -se estremeció al oír un rugido de león-. Además, me apetecía visitar el país.
-¡Es Cas! -exclamó ella divertida por la reacción de su compañero y, a la vez, emocionada. Hacía un par de semanas que no escuchaba al macho, y temía que hubiera tenido una pelea con un rival y hubiera tenido que abandonar el territorio o, peor, que hubiera muerto peleando-. Pero no te preocupes, está a un par de kilómetros de nosotros y nunca atacaría un coche -y, cogiendo el intercomunicador, dijo-: hey, chicos acabo de escuchar a Cas. Está cerca de la zona 4, voy a acercarme a ver qué tal está. Seguiré informando.
-¿Diferencias a un león por su rugido?
-Bueno, el rugido de Cas es muy peculiar, bastante ronco. Creemos que de pequeño se hizo daño de alguna forma en las cuerdas vocales. Probablemente lo vuelvas a oír cuando nos acerquemos a él, así que fíjate y compáralo con el de las demás. ¡Te va a encantar la zona! -chilló por encima del estridente sonido del motor arrancando.
Era de noche cuando volvieron a casa. Las estrellas brillaban sobre la sabana, y ambos cantaban I will walk 500 miles a la vez que el cantante de The Proclaimers, cuya voz se cortaba de vez en cuando debido a interferencias en la onda de radio.
-Te quiero -susurró de improvisto Patrick cuando la canción dejó de sonar.
-¿Qué? -Tat había parado el coche a unos veinte metros de su casa.
-Te quiero. Siempre te he querido. Te quise desde el primer momento en que te vi, tirada en el suelo de la casa de Russell murmurando algo sobre la genética y sus reglas aparentemente aleatorias -y, al acabar de hablar, la besó.
-Yo también te quiero -sonrió ella mientras bajaba del coche-. Bueno, ¿y ahora qué? -musitó dubitativa cuando Patrick abandonó el asiento del copiloto y la cogió de la mano-. Tú tienes un trabajo en Manhattan, y la vida en plena sabana africana es muy distinta a la que has llevado hasta entonces. ¿Qué piensas hacer? ¿Quedarte? ¿Volver?
-Supongo que haré lo que tú has hecho toda tu vida: improvisar sobre la marcha. Tampoco te ha ido tan mal, ¿no?